
Espacio · Artículo temático
El telescopio espacial James Webb observa principalmente luz infrarroja. Con ella estudia galaxias lejanas, la formación estelar oculta por el polvo y las atmósferas de determinados exoplanetas. Su gran espejo es solo una parte de su éxito. Igual de importantes son las bajas temperaturas de los instrumentos, los espectrógrafos adecuados y una posición de observación desde la que es posible protegerse eficazmente del calor que interfiere en las mediciones.
El infrarrojo abre varias ventanas a la vez
La luz infrarroja se encuentra fuera del intervalo visible, en la región del espectro de longitudes de onda más largas. Es valiosa para la astronomía por varios motivos. Los objetos relativamente fríos emiten intensamente en esa región, el polvo deja pasar ciertas longitudes de onda infrarrojas con mayor facilidad que la luz visible y la expansión cósmica desplaza la luz de las galaxias lejanas hacia longitudes de onda más largas. Por ello, Webb puede abordar cuestiones de investigación muy diversas. No solo observa galaxias especialmente antiguas, sino también regiones cercanas de formación estelar y sistemas planetarios. Sin embargo, el polvo no desaparece necesariamente en el infrarrojo: la facilidad con la que se puede ver a través de él depende de la longitud de onda y de las propiedades del polvo. Tampoco todos los objetos lejanos se vuelven visibles automáticamente. Su brillo, su distancia, la duración de la observación y la sensibilidad del instrumento utilizado determinan conjuntamente las mediciones que se pueden obtener.
Por qué el propio telescopio debe mantenerse frío
Un telescopio caliente emite su propia radiación infrarroja. Esta puede enmascarar señales astronómicas débiles, del mismo modo que una lámpara brillante dificulta la visión de un objeto oscuro. Por eso, Webb cuenta con un gran escudo solar y opera en una órbita alrededor del segundo punto de Lagrange del sistema Sol-Tierra, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Desde allí es posible bloquear la radiación del Sol y de la Tierra, que llega desde direcciones similares. El espejo primario tiene un diámetro de 6,5 metros y está compuesto por segmentos individuales que se alinean con precisión. Distintos instrumentos se encargan de la obtención de imágenes y de la espectroscopia en el infrarrojo cercano y medio. Los componentes que requieren temperaturas especialmente bajas necesitan refrigeración adicional. Por tanto, el tamaño por sí solo no explica su capacidad: la óptica, el control de temperatura, los detectores y una orientación estable forman un sistema de medición integrado.
Lo que muestra una imagen de Webb y lo que solo aclara el análisis
Muchas de las imágenes publicadas de Webb muestran colores asignados a intervalos de medición en el infrarrojo. Esto permite distinguir diferencias invisibles, pero no representa lo que verían los ojos humanos desde ese lugar. Además, para numerosas cuestiones de investigación, lo decisivo no es una imagen impresionante, sino un espectro: este descompone la radiación medida según sus longitudes de onda y muestra, por ejemplo, bandas moleculares o el corrimiento al rojo de una galaxia. Estas señales deben evaluarse mediante modelos de los instrumentos, datos de comparación y simulaciones físicas. Una galaxia lejana inusualmente brillante, por ejemplo, plantea en primer lugar preguntas sobre su distancia, sus poblaciones estelares y su polvo; no pone automáticamente en entredicho toda la cosmología. Webb destaca por proporcionar datos que hasta ahora eran difíciles de obtener. Solo un análisis cuidadoso y comprobaciones independientes permiten determinar qué explicación encaja mejor con ellos.
Fuentes e información adicional
- ESA: Webb factsheetesa.int
- ESA: Science with Webbesa.int
Redactado con asistencia de IA a partir de las fuentes mencionadas y con formulación propia. En el texto se diferencian resultados de investigación, prototipos técnicos y conocimientos consolidados. Este artículo temático no es una noticia de última hora.
