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Un viaje por el tiempo cósmico: el universo, el Sol, la Tierra, la Luna y el ser humano

Un viaje por el tiempo cósmico: el universo, el Sol, la Tierra, la Luna y el ser humano
Ilustración generada por IA

Espacio · Fundamentos

13.800 millones de años de historia cósmica, 4.600 millones de años de existencia del Sol y unos 300.000 años de Homo sapiens: solo al comparar estas escalas se hace evidente lo joven que es nuestra propia especie en relación con su entorno.

El universo: aproximadamente 13.800 millones de años

En el modelo cosmológico estándar, la edad del universo se infiere a partir de su evolución. Las observaciones de la radiación cósmica de fondo y otros datos cosmológicos sitúan esa edad en torno a los 13.800 millones de años. La cifra describe el tiempo transcurrido desde las primeras etapas calientes de su evolución; no resuelve por completo la cuestión de si todo modelo físico concebible contempla un comienzo absoluto del tiempo. Las estrellas, las galaxias y los planetas no surgieron todos al mismo tiempo. La historia cósmica comprende el enfriamiento, la formación de estructuras y varias generaciones de estrellas. Muchos elementos químicos que hoy forman parte de las rocas y los seres vivos se formaron y se distribuyeron mediante procesos estelares y fenómenos cósmicos. La actual tensión de Hubble recuerda que los modelos y las mediciones cosmológicos siguen sometiéndose a comprobación. Por ello, una estimación redondeada de la edad sigue siendo más razonable que una precisión aparentemente absoluta. Está muy bien fundamentada, pero siempre vinculada a un modelo y a las observaciones que lo sustentan.

Fuentes: [1]

El Sol y la Tierra: orígenes relacionados, relojes distintos

Nuestro Sol tiene unos 4.600 millones de años. Se formó a partir de una nube de gas y polvo que colapsó. El sistema solar se desarrolló a partir del material de su entorno. En algunas de sus explicaciones divulgativas, la NASA utiliza la cifra redondeada de 4.500 millones de años; este redondeo no debe confundirse con una historia de formación fundamentalmente distinta. Para la Tierra suele indicarse una edad aproximada de 4.540 millones de años, que generalmente se redondea a 4.500 millones. Estas cifras se basan, en particular, en dataciones radiométricas y en el estudio de materiales de las primeras etapas del sistema solar. Los átomos de determinados isótopos radiactivos se desintegran a ritmos conocidos. En condiciones adecuadas, la proporción entre los isótopos originales y sus productos de desintegración puede servir como reloj geológico. La formación de un planeta fue un proceso: el material se acumuló, colisionó, se fundió y se diferenció. La Tierra no tuvo una única fecha de nacimiento bien observada. Además, muchas de las rocas que se conservan hoy son más jóvenes que el planeta, porque los procesos geológicos renuevan constantemente la superficie. Por tanto, la edad de una roca antigua no debe equipararse con la de la Tierra en su conjunto.

Fuentes: [2] · [3]

La Luna: unos 4.500 millones de años y un proceso aún por esclarecer

La Luna también tiene aproximadamente 4.500 millones de años. Uno de los principales marcos de investigación explica su origen mediante un gran impacto ocurrido en las primeras etapas de la historia de la Tierra. La Luna se formó a partir del material expulsado. El momento del impacto, las características del cuerpo implicado y los detalles del proceso siguen investigándose. Las muestras lunares aportan información química e isotópica importante. Sin embargo, interpretarlas es una tarea compleja: un mineral datado puede señalar un episodio concreto de enfriamiento o transformación sin registrar directamente el primer instante de existencia de la Luna. Por ello, nuevos análisis pueden precisar los límites de edad o la secuencia del proceso. Para una cronología divulgativa, esta escala temporal está suficientemente bien establecida: el Sol, la Tierra y la Luna pertenecen a un vecindario cósmico de unos cuatro mil quinientos millones de años de antigüedad. En cambio, asignar una fecha de nacimiento exacta a cada uno de estos cuerpos ocultaría sus procesos de evolución y las incertidumbres de medición.

Fuentes: [4]

El ser humano: ¿qué definición se toma como referencia?

La pregunta «¿Qué antigüedad tiene el ser humano?» admite distintas respuestas según el grupo al que se refiera. Para Homo sapiens se estima una antigüedad del orden de 300.000 años. Los hallazgos de Jebel Irhoud, en Marruecos, datados en unos 315.000 años, con una incertidumbre de varias decenas de miles de años, documentan etapas tempranas de nuestra especie. Combinan rasgos modernos y ancestrales. La evolución no consistió en la aparición repentina de un ser humano que ya presentara, en todos sus rasgos, el mismo aspecto que las poblaciones actuales. También los límites entre las formas anteriores y nuestra propia especie son objeto de debate a partir de distintos indicios anatómicos, genéticos y arqueológicos. Los primeros homininos se remontan a hace unos seis o siete millones de años. Este grupo no debe equipararse con Homo sapiens. Las investigaciones sobre Sahelanthropus tchadensis, por ejemplo, examinan indicios de bipedismo y de comportamiento trepador en material de unos siete millones de años de antigüedad. Otra cuestión distinta es la antigüedad de la agricultura, las ciudades o la escritura: la historia cultural humana no marca el inicio de nuestra especie biológica.

Fuentes: [5] · [6]

Un año cósmico permite visualizar las escalas temporales

Imaginemos los 13.800 millones de años del universo como un único año natural de 365 días. En ese caso, un día equivale aproximadamente a 37,8 millones de años. Toda la historia de Homo sapiens hasta el presente, de unos 300.000 años, cabe en los últimos once minutos y veintiséis segundos, aproximadamente, de ese año. Se trata de una conversión propia y redondeada, no de un dato arqueológico adicional obtenido mediante medición. La formación de la Tierra se situaría unos cuatro meses antes del final del año. Desde esta perspectiva, casi toda la historia humana sería una secuencia muy tardía de acontecimientos en un planeta que llevaba mucho tiempo existiendo. Al mismo tiempo, en ese breve lapso nuestro cerebro pudo desarrollar instrumentos y métodos que nos permiten mirar miles de millones de años hacia el pasado. Estas comparaciones no restan importancia a la vida humana. Ponen en perspectiva las escalas temporales. Un siglo puede ser decisivo para las sociedades y, aun así, resultar apenas perceptible en el calendario cósmico. Distinguir estas escalas permite comprender mejor tanto la paciencia geológica como la velocidad del cambio humano.

Fuentes: [1] · [3] · [5]

Fuentes e información adicional

  1. [1] NASA/Hubble: Hubble Constant, Expansion and Cosmic Agescience.nasa.gov
  2. [2] NASA: Sun Factsscience.nasa.gov
  3. [3] NASA: Earth Factsscience.nasa.gov
  4. [4] NASA: Moon Formationscience.nasa.gov
  5. [5] Hublin et al.: New Fossils from Jebel Irhoud and the Pan-African Origin of Homo sapiens, Nature (2017)doi.org
  6. [6] Daver et al.: Postcranial Evidence of Late Miocene Hominin Bipedalism in Chad, Nature (2022)nature.com

Redactado con asistencia de IA a partir de las fuentes mencionadas y con formulación propia. Las cifras están redondeadas; las estimaciones, las hipótesis de modelos y las preguntas de investigación abiertas se contextualizan expresamente. Es un artículo de fundamentos, no una noticia de última hora.

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